Los cigarrillos electrónicos han experimentado una rápida expansión en la última década, impulsados por su comercialización como una alternativa potencialmente menos dañina al tabaquismo convencional. Su uso ha aumentado de forma sostenida tanto en adultos como en adolescentes, lo que anticipa una mayor exposición poblacional en los próximos años y plantea interrogantes relevantes sobre sus consecuencias cardiovasculares a largo plazo.
La elevación de la presión arterial constituye uno de los posibles efectos adversos del uso de cigarrillos electrónicos. Evidencia previa sugiere que la inhalación de aerosoles —con o sin nicotina— se asocia con incrementos agudos de la presión arterial sistólica y diastólica. Incluso exposiciones breves han demostrado inducir aumentos hemodinámicos clínicamente relevantes, lo que refuerza la hipótesis de un impacto cardiovascular no despreciable. En concordancia, estudios observacionales han identificado una mayor prevalencia de hipertensión arterial entre usuarios exclusivos de cigarrillos electrónicos.
Datos más recientes provenientes de registros clínicos electrónicos han señalado asociaciones entre el uso exclusivo de cigarrillos electrónicos y la aparición de trastornos cardiometabólicos, particularmente hipertensión arterial, en adultos de mediana edad y mayores. Sin embargo, la evidencia prospectiva disponible continúa siendo limitada y heterogénea, con resultados inconsistentes entre los pocos estudios poblacionales publicados, así como posibles diferencias según el sexo y los patrones de consumo.
En este contexto de evidencia incompleta, se evaluó la asociación entre el uso de cigarrillos electrónicos y la hipertensión arterial mediante análisis transversales y longitudinales utilizando datos del Hispanic Community Health Study / Study of Latinos (HCHS/SOL). A diferencia de investigaciones previas centradas predominantemente en poblaciones no hispanas blancas, este estudio permitió examinar de manera específica el impacto del uso de cigarrillos electrónicos en poblaciones hispanas diversas, aportando información relevante para una evaluación más equitativa del riesgo cardiovascular.
Se analizaron datos correspondientes a la visita 2 (2014–2017) y la visita 3 (2020–2024) del HCHS/SOL, una cohorte poblacional que incluyó a 11.623 individuos de entre 18 y 74 años, reclutados en cuatro comunidades de los Estados Unidos.
La exposición principal fue el antecedente de uso de cigarrillos electrónicos reportado en la visita 2, categorizado como uso alguna vez frente a nunca. De manera adicional, se evaluaron el uso actual y el uso dual de cigarrillos electrónicos junto con cigarrillos combustibles.
La hipertensión se definió como una presión arterial medida ≥140/90 mm Hg o el uso autorreportado de medicación antihipertensiva.
De los 11.593 participantes con datos disponibles sobre uso de cigarrillos electrónicos (edad media 47 años; 52,2 % mujeres), 937 reportaron haberlos utilizado alguna vez, de los cuales 136 eran usuarios actuales.
El uso de cigarrillos electrónicos alguna vez, en comparación con nunca uso, no se asoció con hipertensión prevalente en el análisis transversal.
Durante un seguimiento mediano de 6,0 años, 1.409 participantes desarrollaron hipertensión incidente. El uso alguna vez de cigarrillos electrónicos se asoció con un mayor riesgo de hipertensión incidente (HR: 1,49; intervalo de confianza [IC] del 95 %: 1,14–1,95). Este riesgo también fue significativamente mayor en usuarios actuales (HR: 1,89; IC 95 %: 1,12–3,18), en usuarios previos (HR: 1,43; IC 95 %: 1,07–1,93) y en quienes reportaron uso dual alguna vez (HR: 1,85; IC 95 %: 1,37–2,49), en comparación con quienes nunca utilizaron cigarrillos electrónicos.
No se observaron diferencias significativas en el cambio longitudinal de la presión arterial entre las visitas 2 y 3 según las distintas categorías de uso de cigarrillos electrónicos.
Implicancias clínicas y de salud pública
Desde una perspectiva clínica, el uso de cigarrillos electrónicos debería considerarse un potencial factor de riesgo para el desarrollo de hipertensión arterial, incluso en individuos jóvenes o de mediana edad sin factores de riesgo cardiovasculares tradicionales evidentes.
En términos de salud pública, estos resultados refuerzan la necesidad de políticas regulatorias y estrategias preventivas orientadas a limitar el uso de cigarrillos electrónicos, particularmente en poblaciones vulnerables.
¿Qué nos deja este estudio?
En la cohorte HCHS/SOL, el uso de cigarrillos electrónicos se asoció de forma independiente con un mayor riesgo de hipertensión incidente. Estos hallazgos sugieren un potencial daño cardiovascular a largo plazo y respaldan la necesidad de reconsiderar el rol de los cigarrillos electrónicos dentro de las estrategias de prevención cardiovascular.
