El consumo recreativo de drogas ilícitas constituye un problema de salud pública creciente, con implicancias cardiovasculares cada vez más reconocidas. Sustancias como el cannabis, los opioides, la cocaína y las anfetaminas se han asociado con una amplia gama de complicaciones cardiovasculares agudas, incluyendo síndromes coronarios agudos, arritmias, accidentes cerebrovasculares y muerte súbita. En el contexto de los cuidados intensivos cardiológicos, estudios recientes han demostrado que el consumo reciente de drogas recreativas se asocia con peores desenlaces intrahospitalarios en pacientes admitidos a unidades de cuidados intensivos cardiológicos (ICCU). Sin embargo, el impacto pronóstico de este consumo más allá de la hospitalización, particularmente tras un evento cardiovascular agudo, continúa siendo poco conocido.
La transición del hospital al seguimiento ambulatorio representa un período crítico para los pacientes cardiovasculares, en el cual factores conductuales y sociales pueden influir de manera significativa en el riesgo de eventos adversos recurrentes. En este sentido, el consumo de drogas recreativas podría actuar no solo como un desencadenante del evento índice, sino también como un determinante clave del pronóstico a mediano plazo. A pesar de ello, existen escasos datos prospectivos que evalúen de forma sistemática la asociación entre el consumo de estas sustancias y los eventos cardiovasculares mayores después del alta hospitalaria.
El objetivo del presente estudio realizado por Raphael Mirailles y cols. fue evaluar el impacto pronóstico del consumo recreativo de drogas, identificado al momento del ingreso, sobre la incidencia de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares adversos mayores a un año en pacientes admitidos a la ICCU por un evento cardiovascular agudo.
El estudio ADDICT-ICCU (Addiction in Intensive Cardiac Care Units) es un estudio prospectivo y multicéntrico que incluyó a todos los pacientes consecutivos ingresados en unidades de cuidados intensivos cardiológicos durante un período de dos semanas en abril de 2021, en 39 centros de Francia. Se excluyeron los pacientes con hospitalización programada, aquellos hospitalizados dentro de las 24 horas previas al ingreso a la ICCU y los pacientes que fallecieron durante la hospitalización.
El consumo recreativo de drogas fue evaluado mediante un test urinario sistemático realizado al ingreso.
El objetivo primario fue la ocurrencia de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares adversos mayores (MACCE) a un año, definidos como muerte cardiovascular, infarto de miocardio no fatal o accidente cerebrovascular. Los eventos fueron adjudicados por dos cardiólogos senior tras el contacto con los pacientes y la revisión de registros clínicos anonimizados.
Se evaluaron un total de 1.392 pacientes, con una edad media de 63 ± 15 años, de los cuales el 69,9 % eran hombres. De ellos, 157 pacientes, equivalente al 11,3 %, presentaron un test urinario positivo al ingreso para cannabis u opioides, cocaína, anfetaminas o 3,4-metilendioximetanfetamina.
Tras un seguimiento de un año, 94 pacientes, correspondiente al 6,7 % de la cohorte, presentaron un evento MACCE. La incidencia de estos eventos fue significativamente mayor en los pacientes con consumo de drogas recreativas en comparación con los no consumidores, con tasas del 12,7 % frente al 6,0 %, respectivamente, lo que representó una diferencia absoluta de riesgo del 6,7 % (intervalo de confianza del 95 %: 1,5 % a 12,2 %).
El análisis por tipo de sustancia mostró que el consumo de cannabis o de opioides en forma aislada también se asoció con un mayor riesgo de MACCE. El uso de cannabis se vinculó con un hazard ratio de 1,77 (intervalo de confianza del 95 %: 1,02 a 3,08), mientras que el consumo de opioides mostró una asociación aún más marcada, con un hazard ratio de 3,60 (intervalo de confianza del 95 %: 1,57 a 8,23). Tras ajustar por factores pronósticos tradicionales, el consumo recreativo de drogas permaneció independientemente asociado con la ocurrencia de MACCE a un año (HR 2.91, IC95%: 1,68 a 5,05).
¿Qué nos deja este estudio?
El consumo recreativo de drogas se asocia con un aumento significativo del riesgo de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares adversos a un año en pacientes ingresados a unidades de cuidados intensivos cardiológicos.
Los autores destacan que estos hallazgos subrayan la necesidad de identificar de forma sistemática a los pacientes consumidores de drogas durante la hospitalización y de implementar estrategias de intervención específicas y personalizadas, orientadas no solo al tratamiento del evento cardiovascular agudo, sino también a la reducción del riesgo a mediano y largo plazo mediante un abordaje integral del consumo de sustancias.
