La enfermedad arterial periférica afecta a más de 113 millones de personas en el mundo y constituye una causa importante de deterioro funcional, amputación y mortalidad. A pesar del uso extendido de terapias endovasculares, la evidencia de intervenciones que reduzcan eventos adversos mayores de miembro es limitada, y en muchos casos proviene de análisis secundarios o poblaciones seleccionadas.
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Los balones recubiertos con fármacos fueron desarrollados para mejorar la permeabilidad vascular mediante la liberación local de agentes antiproliferativos. Los dispositivos con paclitaxel han demostrado reducir la reestenosis y la necesidad de nuevas revascularizaciones en enfermedad femoropoplítea, aunque persisten dudas sobre su seguridad a largo plazo, particularmente en relación con la mortalidad.
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En este contexto, el sirolimus —un inhibidor de la vía mTOR con efecto citostático ampliamente utilizado en stents coronarios— emerge como una alternativa potencialmente más segura, capaz de reducir la hiperplasia neointimal sin efectos sistémicos significativos. El estudio SirPAD fue diseñado para evaluar si la angioplastia con balón recubierto de sirolimus es no inferior, y eventualmente superior, a la angioplastia con balón convencional en la reducción de eventos adversos mayores de miembro.
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Se realizó un ensayo clínico prospectivo, abierto, aleatorizado, con evaluación ciega de eventos y un diseño secuencial que contemplaba primero el análisis de no inferioridad y luego de superioridad. Se incluyeron pacientes con enfermedad arterial infrainguinal sintomática, quienes fueron asignados en una proporción 1:1 a angioplastia con balón recubierto de sirolimus o balón no recubierto.
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El endpoint primario fue un compuesto de amputación mayor no planificada del miembro tratado o revascularización endovascular o quirúrgica de la lesión objetivo por isquemia crítica dentro del primer año. El endpoint secundario clave incluyó cualquier amputación no planificada del miembro tratado o revascularización por isquemia crítica o no crítica en el mismo período. El endpoint de seguridad fue la mortalidad por cualquier causa al año.
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Se incluyeron 1252 pacientes, con 626 asignados a cada grupo. La edad mediana fue de 75 años y el 35.1% eran mujeres.
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El endpoint primario ocurrió en 55 pacientes (8.8%) en el grupo tratado con balón recubierto de sirolimus y en 94 pacientes (15.0%) en el grupo con balón no recubierto, con una diferencia absoluta de riesgo de −4.9 puntos porcentuales (intervalo de confianza del 95%: −8.5 a −1.3). Este resultado cumplió criterios tanto de no inferioridad (P<0.001) como de superioridad (P=0.009).
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El endpoint secundario clave se observó en 144 pacientes (23.0%) en el grupo sirolimus y en 193 pacientes (30.8%) en el grupo control, con una diferencia de −7.8 puntos porcentuales (intervalo de confianza del 95%: −12.7 a −2.9; P=0.002).
En cuanto a seguridad, la mortalidad a un año fue similar entre los grupos: 11.8% en el grupo sirolimus y 12.8% en el grupo balón convencional (diferencia de −1.0 puntos porcentuales; intervalo de confianza del 95%: −4.6 a 2.7; P=0.67). La incidencia global de eventos adversos también fue comparable.
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¿Qué nos deja este estudio?
En pacientes con enfermedad arterial infrainguinal, la angioplastia con balón recubierto de sirolimus no solo demostró ser no inferior, sino superior a la angioplastia con balón convencional en la reducción de eventos adversos mayores de miembro al año, sin comprometer la seguridad.
Estos hallazgos posicionan al sirolimus como una alternativa prometedora en la terapéutica endovascular periférica, especialmente en un escenario donde la eficacia y seguridad de otras tecnologías han sido motivo de debate.
