El implante valvular aórtico percutáneo (TAVI) se ha consolidado en la última década como una estrategia terapéutica de referencia para el tratamiento de la estenosis aórtica severa, inicialmente en pacientes de alto riesgo quirúrgico y, más recientemente, extendida a poblaciones de riesgo intermedio y bajo. Esta expansión ha ido acompañada de una mejora progresiva en los resultados clínicos, impulsada por la evolución de los dispositivos, la optimización de las técnicas de implante y una mejor selección de pacientes. Sin embargo, a pesar de estos avances, las alteraciones de la conducción cardíaca continúan siendo la complicación más frecuente asociada al procedimiento.
Entre estas alteraciones, el desarrollo de un nuevo bloqueo completo de rama izquierda (BCRI) tras el TAVI es un hallazgo común, consecuencia de la estrecha relación anatómica entre el sistema de conducción y el anillo aórtico, así como del efecto mecánico del dispositivo protésico sobre el septum interventricular. No obstante, el verdadero impacto clínico del nuevo BCRI post-TAVI ha sido motivo de controversia. Mientras algunos estudios sugieren que puede tratarse de un hallazgo relativamente benigno, otros lo han asociado con un mayor riesgo de progresión a bloqueo auriculoventricular avanzado, necesidad de marcapasos permanente, deterioro de la función ventricular izquierda y peor pronóstico clínico a largo plazo.
En este contexto, el análisis de grandes registros contemporáneos de práctica real resulta clave para clarificar el significado clínico del nuevo BCRI tras TAVI. El registro TVT (Transcatheter Valve Therapy Registry), desarrollado conjuntamente por la Society of Thoracic Surgeons y el American College of Cardiology, ofrece una oportunidad única para evaluar esta complicación en una población amplia y representativa, con seguimiento sistemático de resultados clínicos y de calidad de vida. El objetivo del presente estudio fue evaluar el impacto del nuevo BCRI posterior al TAVI sobre la mortalidad, las rehospitalizaciones, la necesidad de marcapasos permanente, el estado de salud y la función ventricular izquierda a un año de seguimiento.
El estudio incluyó pacientes del registro TVT que se sometieron a TAVI por estenosis aórtica entre los años 2016 y 2022 y que fueron dados de alta con vida tras la hospitalización índice. Se excluyeron aquellos con trastornos de la conducción preexistentes, así como los pacientes portadores de marcapasos permanente previo al procedimiento o implantado durante la hospitalización inicial. Los resultados clínicos se compararon entre pacientes que desarrollaron un nuevo BCRI tras el TAVI y aquellos que no presentaron esta alteración, utilizando modelos de riesgos proporcionales de Cox ajustados por variables demográficas, clínicas y ecocardiográficas basales.
De un total de 202.533 pacientes sometidos a TAVI, 32.933, lo que representa el 16,3%, desarrollaron un nuevo BCRI tras el procedimiento.
A lo largo del período de estudio se observó una reducción significativa en la incidencia de nuevo BCRI, que descendió del 19,9% en el primer trimestre de 2016 al 14,4% en el tercer trimestre de 2022, reflejando probablemente la mejora en las técnicas de implante y el refinamiento de los dispositivos.
En el análisis ajustado, los pacientes con nuevo BCRI presentaron una mayor mortalidad por cualquier causa al año en comparación con aquellos sin BCRI (HR 1.19, IC 95%: 1,13–1,25; P<0,001).
Asimismo, el riesgo de rehospitalización (HR 1,23; IC 95%: 1,19–1,28; P<0,001) y la necesidad de implante de un marcapasos permanente fueron marcadamente más frecuente en el grupo con nuevo BCRI, (HR 3,50, IC 95%: 3,26–3,76; P<0,001).
Más allá de los eventos duros, el nuevo BCRI también se asoció con un peor estado de salud y un deterioro funcional. Los pacientes con esta alteración presentaron puntuaciones significativamente más bajas en el Kansas City Cardiomyopathy Questionnaire (KCCQ) Overall Summary Score, con una diferencia ajustada de −1,7 puntos (IC 95%: −2,1 a −1,3; P<0,001). Además, se observó una menor fracción de eyección del ventrículo izquierdo al seguimiento, con una diferencia ajustada de −2,8% (IC 95%: −3,4% a −2,2%; P<0,001).
¿Qué nos deja este estudio?
El desarrollo de un nuevo bloqueo completo de rama izquierda tras el TAVI no es un hallazgo inocuo. Por el contrario, se asocia de manera consistente con peores resultados clínicos al año, incluyendo mayor mortalidad, más rehospitalizaciones y una probabilidad sustancialmente mayor de requerir marcapasos permanente, además de un peor estado de salud y una reducción de la función ventricular izquierda.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de continuar optimizando las estrategias destinadas a minimizar las alteraciones de la conducción tras el TAVI, ya sea mediante mejoras en el diseño de las prótesis, una planificación más precisa del implante o una selección más cuidadosa de la profundidad y técnica de liberación. Asimismo, subrayan la importancia de un seguimiento estrecho de los pacientes que desarrollan un nuevo BCRI, con el fin de identificar de manera precoz la progresión de los trastornos de la conducción y mitigar su impacto clínico a largo plazo.
