Los ensayos controlados aleatorizados constituyen la piedra angular de la medicina cardiovascular basada en la evidencia; sin embargo, con frecuencia se interrumpen antes de su finalización, lo que compromete su potencia estadística y genera un importante desperdicio de recursos científicos y financieros. Las dificultades en el reclutamiento han sido reconocidas desde hace tiempo como una causa central de fracaso. Evaluaciones previas de estudios multicéntricos financiados con fondos públicos en el Reino Unido mostraron que solo el 31% de los ensayos alcanzaron su objetivo de inclusión entre 1994 y 2002, y que casi la mitad requirió extensiones en la década siguiente, confirmando la persistencia de este problema. Hallazgos similares se observaron en los Países Bajos, donde el 17,8% de los ensayos farmacológicos registrados entre 2007 y 2015 fueron discontinuados; las causas más frecuentes fueron el bajo reclutamiento (5,7%), la futilidad (5,4%) y la demostración de eficacia (5,2%).
En el ámbito cardiovascular, análisis previos de ClinicalTrials.gov entre 2000 y 2015 reportaron tasas de terminación del 10% al 15%, siendo el bajo reclutamiento responsable del 40% al 55% de las interrupciones, con un riesgo mayor en ensayos financiados por el sector académico. Estudios más recientes, que incluyeron 51 ensayos de resultados cardiovasculares a gran escala, mostraron que, aunque los centros de Estados Unidos representaban aproximadamente una cuarta parte de las sedes globales, presentaban la tasa más baja de inclusión, con una mediana de apenas 0,2 pacientes por centro al mes. Estos datos evidencian importantes ineficiencias en las estrategias de reclutamiento, particularmente en el contexto estadounidense, donde barreras regulatorias y logísticas contribuyen a una captación persistentemente baja.
Las barreras al reclutamiento son multifactoriales e involucran factores tanto del paciente como del diseño del ensayo. Entre los primeros, algunos son potencialmente modificables, como la falta de interés o la baja adherencia. A nivel del estudio, existen múltiples factores prevenibles que afectan la participación, incluyendo protocolos excesivamente complejos y un compromiso insuficiente de los investigadores reclutadores. Sin embargo, muchos ensayos finalizados no reportan adecuadamente los resultados de reclutamiento ni justifican su terminación anticipada, lo que limita la comprensión de las barreras sistémicas. A esto se suma la persistente falta de análisis y reportes específicos por sexo en la investigación cardiovascular, pese a las diferencias bien documentadas en respuesta terapéutica, eventos adversos y discontinuación del tratamiento, factores que también podrían influir en el reclutamiento y la retención.
Dado que ningún estudio había evaluado de manera integral las tendencias en la terminación de ensayos cardiovasculares a lo largo de la era moderna de registro, este análisis examinó los estudios registrados en ClinicalTrials.gov entre 2000 y 2025. El objetivo fue caracterizar las tendencias temporales, identificar predictores de terminación y evaluar las discrepancias entre el fracaso de reclutamiento reportado por los investigadores y el medido objetivamente.
El estudio extrajo de forma sistemática las características de los ensayos, la incidencia de finalización prematura y las razones declaradas, definiendo como bajo reclutamiento una inscripción inferior al 80% de la meta prevista.
Tras analizar 19.191 ensayos, se observó que 2.202 (11,5%) finalizaron de manera prematura. La causa más frecuentemente reportada fue el bajo reclutamiento, presente en el 42,9% de los casos (946 de 2.202). No obstante, se identificó una brecha relevante en la transparencia: 625 de los 1.571 ensayos con baja inscripción (39,9%) no reportaron explícitamente el fracaso en el reclutamiento como motivo de terminación. En cuanto a las tendencias temporales, la tasa de finalización prematura alcanzó su punto máximo en 2020, afectando al 15,0% de los ensayos registrados ese año (155 de 1.033).
El riesgo de terminación varió según el tipo y la fase del estudio. Fue mayor en ensayos de fases tempranas (fases 1/2 o 2), con una tasa del 16,0% (371 de 2.325). En contraste, las tasas más bajas se observaron en intervenciones conductuales o de estilo de vida (4,9%; 146 de 2.998) y en ensayos dirigidos exclusivamente a mujeres (4,8%; 23 de 475).
En el análisis multivariable, un tamaño muestral pequeño (1 a 100 participantes) se asoció con una probabilidad significativamente mayor de terminación (OR: 3,37; IC 95%: 2,98–3,80), mientras que los ensayos de fases más avanzadas (2/3 o 3) también mostraron un mayor riesgo (OR: 1,69; IC 95%: 1,41–1,97).
Por el contrario, ciertos factores se asociaron con menor probabilidad de interrupción, incluyendo las intervenciones conductuales o de estilo de vida (OR: 0,40; IC 95%: 0,32–0,49), los diseños cruzados (crossover) (OR: 0,53; IC 95%: 0,42–0,65) y la financiación gubernamental fuera de Estados Unidos (OR: 0,50; IC 95%: 0,31–0,78).
¿Qué nos deja este estudio?
Más de uno de cada diez ensayos cardiovasculares finaliza de forma prematura, siendo el bajo reclutamiento la principal causa y, a la vez, una de las menos reportadas de manera transparente. Estos hallazgos subrayan la necesidad de mejorar la evaluación de factibilidad antes del inicio de los estudios y de promover una mayor transparencia en los reportes, con el objetivo de optimizar el diseño y la ejecución de futuros ensayos en investigación cardiovascular.
