La enfermedad cardiovascular (ECV) es una de las principales causas de muerte en Estados Unidos y a nivel mundial, y aproximadamente 1 de cada 3 adultos estadounidenses presenta alguna forma de ECV. El accidente cerebrovascular (ACV), una de sus manifestaciones más relevantes, constituye una causa líder de morbilidad y mortalidad en Estados Unidos: alrededor de 795.000 personas sufren un ACV nuevo o recurrente cada año, lo que se traduce en aproximadamente 140.000 muertes anuales y una carga económica cercana a los 40 mil millones de dólares por año.
Si bien la incidencia de ACV en adultos mayores ha disminuido en décadas previas, esta tendencia se ha estabilizado en los últimos años, en contraste con los marcados descensos observados durante la década de 1990. Este cambio sugiere que los factores de riesgo tradicionales —como hipertensión arterial, diabetes y tabaquismo— no explican completamente las variaciones temporales en el riesgo de ACV, y que factores ambientales, en particular la contaminación del aire, podrían desempeñar un papel relevante.
Existe evidencia sólida de que la exposición crónica al material particulado fino (PM2.5; <2,5 µm) se asocia con un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad cardiovascular, incluido el ACV, a través de mecanismos como estrés oxidativo, inflamación sistémica, disfunción endotelial, activación trombótica y alteraciones de la barrera hematoencefálica. Aunque las políticas de control de emisiones lograron reducir los niveles ambientales de PM2.5 en Estados Unidos durante las últimas décadas, esta tendencia se está revirtiendo en algunas regiones debido al aumento en la frecuencia, intensidad y duración de los incendios forestales, fenómeno estrechamente vinculado al cambio climático.
Los incendios forestales generan grandes cantidades de humo que pueden desplazarse a largas distancias, provocando incrementos sostenidos de PM2.5 en áreas pobladas y contribuyendo al deterioro crónico de la calidad del aire. Estudios recientes indican que el PM2.5 proveniente del humo de incendios forestales puede tener efectos más nocivosque el de otras fuentes a igual concentración, tanto en exposiciones a corto como a largo plazo, con asociaciones descriptas para deterioro cognitivo y potenciales efectos cerebrovasculares. Se estima que casi el 40% de las estaciones de monitoreo registran más de 30 días anuales de contaminación relacionada con humo, lo que refuerza la necesidad de evaluar sus consecuencias sanitarias a largo plazo.
Sin embargo, muchos estudios previos han utilizado medidas indirectas de exposición, introduciendo errores sustanciales en la estimación del riesgo. Para superar estas limitaciones, es fundamental contar con datos de PM2.5 específicos de incendios forestales y de alta resolución espacial. En este contexto, el objetivo del presente estudio fue evaluar, a nivel nacional, la asociación entre la exposición crónica al PM2.5 derivado del humo de incendios forestales y el riesgo de ACV en adultos mayores de Estados Unidos.
Se realizó un estudio de cohorte abierta a nivel nacional que incluyó beneficiarios de Medicare bajo la modalidad Fee-for-Service, de 65 años o más, entre 2007 y 2018. Los casos de ACV incidente se identificaron mediante reclamos de Medicare validados.
La exposición al PM2.5 proveniente del humo de incendios forestales se estimó con una resolución espacial de 1 km², utilizando un modelo de aprendizaje automático capaz de distinguir el PM2.5 específico del humo de incendios de otras fuentes ambientales. Para el análisis se emplearon modelos de riesgos proporcionales de Cox estratificados, con ecuaciones de estimación generalizadas, a fin de calcular los hazard ratios (HR) por cada incremento de 1 µg/m³ de PM2.5 del humo de incendios forestales, ajustando por PM2.5 no asociado a humo, variables meteorológicas, nivel socioeconómico y capacidad del sistema de salud.
Entre aproximadamente 25 millones de beneficiarios, se registraron alrededor de 2,9 millones de casos incidentes de ACV durante el período de seguimiento.
La exposición a largo plazo al PM2.5 derivado del humo de incendios forestales se asoció de manera significativa con un mayor riesgo de ACV, observándose asociaciones más fuertes a medida que aumentaba la duración de la exposición.
En particular, cada incremento de 1 µg/m³ en el promedio de exposición a PM2.5 del humo de incendios forestales a 3 años se asoció con un aumento del 1,3% en el riesgo de ACV (HR: 1,013; IC 95%: 1,006–1,020). En general, las asociaciones observadas para el PM2.5 proveniente del humo de incendios forestales fueron más intensas que las correspondientes al PM2.5 no asociado a humo por unidad de exposición.
¿Qué nos deja este estudio?
Este estudio aporta evidencia robusta a escala nacional de que la exposición crónica al PM2.5 del humo de incendios forestales incrementa el riesgo de ACV en adultos mayores. Los hallazgos destacan que el humo de incendios forestales no representa solo un riesgo agudo, sino también un determinante ambiental relevante de riesgo cerebrovascular a largo plazo. Estos resultados refuerzan la necesidad de políticas públicas orientadas a reducir la exposición, así como de estrategias específicas de protección para poblaciones vulnerables, en un contexto de incendios forestales cada vez más frecuentes e intensos.
