Los trastornos cardiometabólicos, que incluyen obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular (ECV), representan una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial. Estas condiciones no solo incrementan de forma significativa el riesgo de muerte por todas las causas, sino también la mortalidad cardiovascular, oncológica y por otras enfermedades crónicas, además de reducir de manera sustancial la expectativa de vida.
En las últimas décadas, la alimentación ha emergido como uno de los determinantes modificables más importantes en la prevención y el manejo de estas patologías. Dentro de las distintas estrategias nutricionales, las dietas basadas en plantas han ganado creciente interés por su potencial impacto favorable sobre factores de riesgo cardiometabólico como hipertensión arterial, dislipidemia, inflamación sistémica, resistencia a la insulina, obesidad y disfunción endotelial.
Sin embargo, no todas las dietas basadas en plantas son equivalentes. Una dieta vegetal puede estar compuesta predominantemente por alimentos saludables como frutas, verduras, legumbres, granos enteros, frutos secos y semillas, pero también puede incluir una alta proporción de alimentos ultraprocesados, harinas refinadas, bebidas azucaradas y azúcares agregados. Esta diferencia es fundamental, ya que el beneficio clínico depende no solo de reducir productos de origen animal, sino de la calidad global del patrón alimentario.
Aunque múltiples estudios han demostrado asociaciones favorables entre dietas vegetales saludables y menor riesgo cardiovascular en población general, sigue siendo menos claro cómo estas asociaciones se comportan específicamente en personas que ya presentan trastornos cardiometabólicos establecidos, una población particularmente vulnerable y con alto riesgo residual.
Además, existe escasa evidencia sobre el impacto de estos patrones dietarios no solo sobre la mortalidad, sino también sobre un desenlace clínicamente muy relevante: la expectativa de vida.
Por ello, este estudio tuvo como objetivo evaluar la asociación entre distintos tipos de dietas basadas en plantas y la mortalidad por todas las causas, la mortalidad específica por causa y la expectativa de vida en pacientes con obesidad, diabetes o enfermedad cardiovascular provenientes de tres grandes cohortes poblacionales de Reino Unido, Estados Unidos y China.
Se incluyeron 78.151 participantes con trastornos cardiometabólicos provenientes de tres grandes cohortes internacionales:
- UK Biobank (UKB), Reino Unido (2006–2022)
- National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), Estados Unidos (1999–2019)
- Chinese Longitudinal Healthy Longevity Survey (CLHLS), China (2008–2019)
Los trastornos cardiometabólicos considerados fueron obesidad, diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad cardiovascular.
Se construyeron tres índices dietarios:
- Plant-based Diet Index (PDI): índice global de dieta basada en plantas
- Healthful Plant-based Diet Index (hPDI): dieta vegetal saludable
- Unhealthful Plant-based Diet Index (uPDI): dieta vegetal no saludable
El PDI evalúa una mayor adherencia general a una alimentación basada en plantas, mientras que el hPDI prioriza alimentos vegetales saludables y el uPDI refleja una mayor ingesta de alimentos vegetales de baja calidad nutricional.
Se utilizaron modelos de Cox para calcular hazard ratios (HR) de mortalidad por todas las causas y mortalidad específica (cardiovascular, cáncer y otras causas).
Además, se aplicaron tablas de vida para estimar la expectativa de vida a los 65 años.
Durante un seguimiento promedio de 11,4 años se registraron 12.150 muertes en las tres cohortes.
Una mayor adherencia al índice global de dieta basada en plantas (PDI) se asoció con una menor mortalidad por todas las causas, menor mortalidad cardiovascular y menor mortalidad por otras causas en pacientes con trastornos cardiometabólicos.
Al comparar los cuartilos extremos del PDI, el hazard ratio combinado fue de 0,85 (IC 95%: 0,81–0,90) para mortalidad por todas las causas, de 0,82 (IC 95%: 0,72–0,93) para mortalidad cardiovascular y de 0,82 (IC 95%: 0,69–0,97) para mortalidad por otras causas.
Cuando se analizó la calidad de la dieta vegetal, los hallazgos fueron aún más contundentes.
En comparación con los participantes ubicados en el cuartilo más bajo del índice de dieta vegetal saludable (hPDI), aquellos en el cuartilo más alto presentaron una reducción del 19% al 29% en la mortalidad por todas las causas, mortalidad cardiovascular, mortalidad por cáncer y mortalidad por otras causas.
Por el contrario, los participantes con mayor puntuación en el índice de dieta vegetal no saludable (uPDI) mostraron un incremento del 28% al 43% en la mortalidad por todas las causas, cardiovascular, por cáncer y por otras causas.
En cuanto a expectativa de vida, al comparar los cuartilos extremos, una mayor adherencia al PDI se asoció con 1,22 años adicionales de vida a los 65 años, mientras que una mayor adherencia al hPDI se relacionó con 2,10 años adicionales de expectativa de vida.
En contraste, una alta adherencia al uPDI se asoció con una reducción de 2,22 años en la expectativa de vida a los 65 años.
Estas asociaciones fueron consistentes en las tres cohortes analizadas y también se mantuvieron cuando se evaluaron por separado los pacientes con obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.
¿Qué nos deja este estudio?
Entre pacientes con obesidad, diabetes tipo 2 o enfermedad cardiovascular, tanto la adherencia general a una dieta basada en plantas como especialmente una dieta vegetal saludable se asociaron con menor mortalidad por todas las causas, menor mortalidad específica y mayor expectativa de vida.
Por el contrario, una dieta vegetal no saludable se asoció con mayor mortalidad y menor supervivencia.
Estos hallazgos refuerzan que el verdadero objetivo no debe ser simplemente “comer más plantas”, sino construir un patrón alimentario de alta calidad nutricional, basado en alimentos vegetales reales, mínimamente procesados y metabólicamente protectores.
La calidad importa más que la etiqueta.
