A nivel global, la enfermedad cardiovascular continúa siendo la principal causa de mortalidad, impulsada en gran medida por la enfermedad coronaria (CAD). En este escenario, la enfermedad renal crónica (ERC) emerge como un factor de riesgo independiente clave, no solo para el desarrollo de CAD, sino también para su progresión y peor pronóstico. De hecho, en las últimas décadas se ha observado un aumento significativo en la mortalidad cardiovascular atribuible a ERC, particularmente en poblaciones añosas y en países de ingresos medios.
La ERC, definida como una alteración estructural o funcional renal persistente por más de tres meses con implicancias clínicas, presenta una prevalencia creciente con la edad y constituye un problema de salud pública en expansión. Su carácter frecuentemente asintomático contribuye a su subdiagnóstico, especialmente en pacientes con CAD, donde su identificación precoz resulta crítica dada la disponibilidad de terapias cardiorrenales capaces de modificar el curso de la enfermedad.
El screening óptimo de ERC combina la estimación de la tasa de filtrado glomerular (eGFR) con la medición de la relación albúmina/creatinina urinaria (UACR), un marcador sensible de daño renal y vascular. Sin embargo, en la práctica clínica, la evaluación de albuminuria suele omitirse, lo que conlleva una importante proporción de casos no diagnosticados. Estudios previos ya habían sugerido que, en ausencia de UACR, hasta la mitad de los pacientes con CAD y ERC podrían pasar inadvertidos.
En este contexto, el estudio multinacional INTERASPIRE proporciona una evaluación contemporánea del screening de ERC en pacientes con CAD, su impacto pronóstico y la implementación de terapias cardiorrenales a nivel global.
El estudio incluyó 4.548 pacientes con enfermedad coronaria provenientes de 14 países que representan las seis regiones de la Organización Mundial de la Salud. El 79.6% de la cohorte correspondió a hombres, con un rango etario de 18 a 80 años.
La función renal fue evaluada entre 6 y 24 meses posteriores al diagnóstico de CAD mediante eGFR y UACR. Se dispuso de información completa sobre función renal y tratamiento cardiorrenal en 3.865 pacientes, mientras que los datos de seguimiento a una mediana de 1 año estuvieron disponibles en 3.577 pacientes (92.5%).
El análisis se centró en la prevalencia de ERC según la clasificación KDIGO, su relación con eventos clínicos y el uso de terapias protectoras.
La prevalencia de ERC fue del 32% en la población estudiada. Dentro de este grupo, el 19.7% fue clasificado como riesgo bajo-moderado, el 6.9% como alto riesgo y el 5.6% como muy alto riesgo según la clasificación KDIGO.
Un hallazgo particularmente relevante fue que, en ausencia de medición de UACR, el 51.3% de los pacientes con ERC no habrían sido diagnosticados, subrayando el valor crítico de la albuminuria en el screening.
Durante el seguimiento, el evento primario compuesto —muerte cardiovascular, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o internación por insuficiencia cardíaca— ocurrió en el 7.9% de los pacientes. La incidencia fue más alta en el grupo de alto riesgo según KDIGO, alcanzando el 13.0% en hombres y el 11.8% en mujeres.
La asociación entre ERC y eventos cardiovasculares fue independiente de otros factores de riesgo y se manifestó de manera precoz tras la evaluación inicial.
A pesar de este perfil de alto riesgo, solo una minoría de los pacientes recibió terapias cardiorrenales adecuadas, evidenciando una brecha significativa entre la evidencia disponible y su implementación en la práctica clínica.
¿Qué nos deja este estudio?
El estudio INTERASPIRE demuestra que la ERC es altamente prevalente en pacientes con enfermedad coronaria y que su presencia se asocia con un incremento significativo del riesgo de eventos cardiovasculares mayores en el corto plazo.
El uso combinado de eGFR y UACR es fundamental para un diagnóstico completo, ya que la omisión de la albuminuria conlleva la pérdida de diagnóstico en aproximadamente la mitad de los casos.
Asimismo, la baja implementación de terapias cardiorrenales efectivas pone de manifiesto una oportunidad sustancial de mejora en la atención de estos pacientes. En conjunto, estos hallazgos refuerzan la necesidad de incorporar de manera sistemática el screening de ERC en pacientes con CAD como parte integral de las estrategias de prevención secundaria.
