La insuficiencia tricuspídea (IT) es una valvulopatía frecuente y, durante años, subestimada en la práctica clínica. Conocida como la “válvula olvidada”, su relevancia ha cobrado mayor atención recientemente, al demostrarse su asociación con síntomas significativos, deterioro de la calidad de vida y un incremento en la morbimortalidad, especialmente en pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada y múltiples comorbilidades.
En este contexto, las terapias transcatéter han emergido como una alternativa atractiva para pacientes con alto riesgo quirúrgico. Tanto la reparación tricuspídea borde a borde (T-TEER) como el reemplazo valvular tricuspídeo percutáneo han demostrado ser procedimientos seguros, capaces de reducir la severidad de la IT y mejorar síntomas y calidad de vida. Sin embargo, hasta el momento, estos beneficios no se han traducido en reducciones significativas de mortalidad o internaciones por insuficiencia cardíaca al año de seguimiento.
Más allá de los desenlaces clínicos, existe un interés creciente en comprender los cambios estructurales y funcionales del corazón derecho tras estas intervenciones. En particular, el impacto del T-TEER sobre la función del ventrículo derecho (VD), el acoplamiento VD–arteria pulmonar y el remodelado auricular derecho continúa siendo poco explorado. El estudio Tri.Fr aporta evidencia relevante en este sentido, evaluando la relación entre la reducción de la IT, el remodelado cardíaco derecho y los resultados clínicos.
El análisis incluyó pacientes del estudio Tri.Fr, un ensayo aleatorizado que evaluó la reparación tricuspídea percutánea en pacientes con insuficiencia tricuspídea secundaria severa. Se analizaron los cambios en parámetros ecocardiográficos desde el basal hasta 1 año, tanto en la cohorte global como según el grado de reducción de la IT. Todas las evaluaciones fueron realizadas por un core lab ecocardiográfico centralizado.
Se incluyeron 300 pacientes, con una edad media de 78 ± 5 años y un 53.7% de mujeres. De ellos, 152 fueron asignados a T-TEER más tratamiento médico óptimo (GDMT), y 148 a tratamiento médico exclusivo.
A un año de seguimiento, los pacientes tratados con T-TEER + GDMT presentaron una reducción significativa en la mayoría de los parámetros de función del ventrículo derecho. En contraste, el grupo tratado solo con GDMT no mostró cambios significativos en las métricas del VD.
Desde el punto de vista clínico, se observó una mejora progresiva en el puntaje clínico compuesto a medida que aumentaba el grado de reducción de la IT, lo que sugiere una relación directa entre el éxito del procedimiento y el beneficio clínico.
El efecto positivo del T-TEER sobre este puntaje clínico fue independiente del volumen auricular derecho basal, pero estuvo condicionado por el estado del acoplamiento VD–arteria pulmonar. Específicamente, el beneficio clínico se observó únicamente en pacientes con acoplamiento conservado, definido como una relación TAPSE/presión sistólica de la arteria pulmonar ≥0.40.
En cuanto al remodelado auricular, los pacientes que mostraron mejoría en el puntaje clínico a 1 año presentaron un menor índice de volumen auricular derecho en comparación con aquellos sin mejoría o con empeoramiento clínico (mediana 112 mL/m² [Q1–Q3: 78.0–146] vs 141 mL/m² [Q1–Q3: 107–173]; p = 0.004).
¿Qué nos deja este estudio?
El estudio Tri.Fr demuestra que, si bien el T-TEER es eficaz para reducir la severidad de la insuficiencia tricuspídea, su impacto sobre los parámetros convencionales de función del ventrículo derecho y el acoplamiento VD–arteria pulmonar es limitado.
De manera relevante, la recuperación funcional del ventrículo derecho parece tener una menor influencia sobre los resultados clínicos al año en comparación con el grado de reducción de la insuficiencia tricuspídea. En este sentido, lograr una reducción óptima de la IT emerge como el principal determinante del beneficio clínico.
Estos hallazgos aportan una perspectiva clave para la práctica clínica, sugiriendo que el éxito del T-TEER debería evaluarse no solo en términos de remodelado ventricular, sino fundamentalmente en función de la magnitud de reducción de la regurgitación tricuspídea, así como del estado del acoplamiento VD–arteria pulmonar al momento de la intervención.
