El tejido adiposo epicárdico (EAT, por sus siglas en inglés) ha adquirido creciente relevancia en la fisiopatología de la enfermedad coronaria debido a su potencial rol inflamatorio y aterogénico. Aunque estudios previos habían demostrado su asociación con la presencia y severidad de aterosclerosis coronaria, la relación entre el volumen de EAT, la progresión de placa coronaria y los eventos cardiovasculares mayores no estaba claramente establecida.
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Un nuevo análisis multicéntrico del registro PARADIGM (Progression of Atherosclerotic Plaque Determined by Computed Tomographic Angiography Imaging) evaluó esta interacción utilizando angiografía coronaria por tomografía computada (CTA) seriada para caracterizar la carga aterosclerótica y su evolución en el tiempo.
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El estudio incluyó 773 pacientes con una edad promedio de 62 ± 9 años, de los cuales 324 (43%) eran mujeres. Mediante CTA seriada se evaluaron el volumen de placa coronaria (PV), el porcentaje de volumen ateromatoso (PAV), la progresión de placa (PP) y la progresión rápida de placa (RPP), definida como un incremento anual del PAV ≥1%. Además, se cuantificó el volumen de tejido adiposo epicárdico (EATv) y se analizaron las características avanzadas de placa.
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Los pacientes con enfermedad coronaria presentaron un volumen de grasa epicárdica significativamente mayor que aquellos sin placas coronarias. El EATv fue de 95 cm³ (rango intercuartilo [RIC]: 72,5-127 cm³) en pacientes con enfermedad coronaria frente a 83,5 cm³ (RIC: 63-112,8 cm³) en quienes no presentaban aterosclerosis coronaria (P < 0,001).
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Al analizar la progresión aterosclerótica según terciles de EATv, los investigadores observaron que los pacientes ubicados en el tercil más alto de grasa epicárdica presentaron una progresión significativamente mayor del volumen total de placa, del porcentaje de ateroma y de los componentes tanto calcificados como no calcificados de la placa en comparación con el tercil más bajo.
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La progresión del volumen de placa mostró una diferencia significativa entre terciles (P = 0,001), al igual que la progresión del PAV (P = 0,028), del componente calcificado (P = 0,025) y del componente no calcificado (P = 0,022).
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De manera consistente, la prevalencia de progresión de placa aumentó progresivamente con mayores volúmenes de EAT. La PP estuvo presente en el 78,9% de los pacientes del primer tercil de EATv, en el 83,9% del segundo tercil y en el 88,5% del tercer tercil (P = 0,013). Del mismo modo, la prevalencia de progresión rápida de placa también se incrementó significativamente: 25,2% en el primer tercil, 32,3% en el segundo y 36,4% en el tercero (P = 0,021)..
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En los análisis multivariados, un elevado volumen de grasa epicárdica se asoció de manera independiente tanto con la presencia de enfermedad coronaria como con la progresión de placa y la progresión rápida de placa, incluso luego del ajuste por múltiples factores de riesgo cardiovasculares tradicionales, incluyendo edad, sexo, índice de masa corporal, diabetes, dislipidemia, hipertensión, hipertrigliceridemia, tabaquismo y tratamiento con estatinas.
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Además, el estudio confirmó el impacto pronóstico de la progresión aterosclerótica. Los pacientes con progresión de placa y progresión rápida presentaron una menor supervivencia libre de eventos cardiovasculares mayores a 10 años. La asociación entre progresión de placa y peor evolución clínica fue significativa en el análisis de Kaplan-Meier (log-rank P = 0,006 para PP y log-rank P < 0,001 para RPP).
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Los autores destacan que el tejido adiposo epicárdico no constituye simplemente un marcador pasivo de riesgo cardiovascular, sino un tejido metabólicamente activo capaz de secretar citoquinas proinflamatorias, mediadores oxidativos y factores profibróticos que podrían promover inflamación vascular local, disfunción endotelial y progresión aterosclerótica.
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Dado que el EAT puede cuantificarse fácilmente mediante tomografía cardíaca, los investigadores plantean que podría transformarse en una herramienta adicional para la estratificación de riesgo cardiovascular y eventualmente en un objetivo terapéutico. Distintas intervenciones cardiometabólicas, como la pérdida de peso, el ejercicio físico y algunas terapias farmacológicas, han demostrado capacidad para reducir el volumen de grasa epicárdica, aunque aún no se ha establecido si esta reducción se traduce directamente en menor progresión de placa o reducción de eventos clínicos.
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¿Qué nos deja este estudio?
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Este análisis del registro PARADIGM demuestra que un mayor volumen de tejido adiposo epicárdico se asocia de manera independiente con mayor presencia de enfermedad coronaria, mayor progresión aterosclerótica y peor pronóstico cardiovascular a largo plazo.
Estos hallazgos consolidan al EAT como un biomarcador emergente de riesgo cardiovascular y potencial objetivo terapéutico en la prevención de la enfermedad coronaria.
