La disfagia, definida como la dificultad para deglutir, es una condición frecuente pero habitualmente subdiagnosticada en adultos mayores. En particular, la disfagia orofaríngea se reconoce actualmente como un síndrome geriátrico estrechamente asociado con la fragilidad, la sarcopenia y la desnutrición. Su prevalencia alcanza el 47,5% en pacientes hospitalizados en unidades geriátricas, el 51% en residentes de instituciones de larga estadía y hasta el 91% en adultos mayores internados por neumonía adquirida en la comunidad. A pesar de ello, continúa siendo una condición infradiagnosticada en pacientes con enfermedad cardiovascular debido a la baja tasa de derivación para evaluación especializada y al escaso uso de métodos diagnósticos instrumentales.
Además de asociarse con neumonía aspirativa, desnutrición, internaciones prolongadas, reingresos y mayor mortalidad, la disfagia puede desarrollarse como consecuencia de procedimientos cardiovasculares, especialmente tras la intubación prolongada o el uso de ecocardiografía transesofágica. Sin embargo, hasta el momento existían pocos datos sobre el impacto de la disfagia preexistente en pacientes sometidos a procedimientos cardiovasculares mayores. En este contexto, el objetivo del presente estudio fue evaluar la asociación entre la presencia de disfagia y los resultados clínicos luego de diferentes intervenciones cardiovasculares.
Se realizó un estudio retrospectivo utilizando la base de datos multicéntrica TriNetX, que incluyó pacientes adultos sometidos entre 2020 y 2024 a cirugía de revascularización miocárdica (CABG), implante de cardiodesfibrilador (ICD), reemplazo valvular aórtico por catéter (TAVR), reemplazo valvular aórtico quirúrgico (SAVR) o reparación mitral percutánea borde a borde (mTEER).
Los pacientes con diagnóstico de disfagia fueron comparados con pacientes sin disfagia mediante un emparejamiento por puntaje de propensión basado en características demográficas y comorbilidades. Posteriormente, se realizó un análisis de sensibilidad incorporando marcadores adicionales de fragilidad para confirmar la robustez de los resultados.
Los desenlaces evaluados a los 90 días y al año incluyeron mortalidad por cualquier causa, accidente cerebrovascular, neumonía aspirativa, neumonía infecciosa, hipoxemia, necesidad de intubación, aspiración de cuerpo extraño y realización de endoscopia digestiva alta.
Tras el emparejamiento se analizaron 5.152 pacientes sometidos a CABG, 4.112 a implante de ICD, 4.066 a TAVR, 1.982 a SAVR y 710 a reparación mitral percutánea, obteniéndose cohortes adecuadamente balanceadas.
La presencia de disfagia se asoció con un incremento significativo de la mortalidad a 90 días en la mayoría de los procedimientos analizados.
En los pacientes sometidos a cirugía de revascularización miocárdica, el riesgo de muerte fue un 32% mayor (HR 1,32), mientras que en aquellos sometidos a implante de cardiodesfibrilador el incremento alcanzó el 40% (HR 1,40). El mayor impacto se observó en los pacientes tratados con TAVR, quienes presentaron un aumento del 74% en el riesgo de mortalidad (HR 1,74). Asimismo, en el reemplazo valvular aórtico quirúrgico el riesgo aumentó un 34% (HR 1,34). En cambio, no se encontraron diferencias significativas en la mortalidad de los pacientes sometidos a reparación mitral percutánea.
Durante el seguimiento al año, la disfagia también se asoció con un incremento del riesgo de accidente cerebrovascular, hipoxemia, neumonía infecciosa y necesidad de intubación en prácticamente todos los procedimientos evaluados.
Las curvas de Kaplan-Meier confirmaron una menor supervivencia en los pacientes con disfagia, y estos hallazgos persistieron incluso luego de ajustar por otros marcadores de fragilidad, lo que respalda el papel de la disfagia como predictor independiente de eventos adversos.
¿Qué nos deja este estudio?
Los resultados de este estudio muestran que la disfagia constituye un importante marcador pronóstico en pacientes sometidos a procedimientos cardiovasculares mayores. Su presencia se asocia con un incremento significativo de la mortalidad temprana y con una mayor incidencia de complicaciones respiratorias y neurológicas durante el primer año de seguimiento, particularmente en pacientes sometidos a CABG, TAVR, SAVR e implante de cardiodesfibrilador.
Estos hallazgos respaldan la incorporación del tamizaje sistemático de la disfagia dentro de la evaluación preoperatoria, especialmente en pacientes de edad avanzada o con criterios de fragilidad. La identificación precoz de esta condición podría contribuir a una mejor estratificación del riesgo, favorecer intervenciones dirigidas a optimizar el estado nutricional y funcional del paciente y reducir la incidencia de complicaciones posoperatorias, apoyando su futura inclusión en las estrategias de evaluación y optimización perioperatoria recomendadas por las guías clínicas.
