La fibrilación auricular (FA) es la arritmia sostenida más frecuente y constituye un factor de riesgo mayor para accidente cerebrovascular (ACV), insuficiencia cardíaca y mortalidad. Una proporción considerable de pacientes cursa con FA subclínica, lo que retrasa el diagnóstico e impide implementar estrategias preventivas, como la anticoagulación oral. La detección temprana de episodios asintomáticos cobra particular relevancia en personas mayores con alto riesgo tromboembólico, donde la prevalencia de FA oculta es elevada.
El ensayo AMALFI (Active Monitoring for Atrial Fibrillation), presentado durante el primer dia del Congreso ESC 2025, fue diseñado para evaluar si un programa de monitoreo remoto con dispositivos de registro electrocardiográfico continuo aumenta la detección de FA subclínica en comparación con el cuidado estándar.
Se incluyeron adultos de 65 años o más, sin diagnóstico previo de FA, con puntuación CHA₂DS₂-VASc ≥3 en hombres o ≥4 en mujeres, lo que corresponde a un perfil de alto riesgo de ACV. Aquellos pacientes con con diagnostico previo de FA o aleteo auricular fueron excluidos.
Los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos en una proporción 1:1: el grupo intervención recibió un dispositivo portátil Zio Patch para monitoreo electrocardiográfico continuo durante 14 días, mientras que el grupo control fue seguido con atención estándar, que incluía la posibilidad de detección ocasional de FA en consultas clínicas rutinarias, sin monitoreo intensivo.
El criterio de valoración primario fue la proporción de participantes con registro de FA en la historia clínica en un periodo de 2,5 años tras la aleatorización, analizado según el principio de intención de tratar.
Se aleatorizaron un total de 5.040 individuos, con edad media de 78 años; el 47% eran mujeres y el 19% tenía antecedentes de accidente cerebrovascular o ataque isquémico transitorio.
El monitoreo electrocardiográfico continuo produjo un aumento modesto en el diagnóstico de FA a los 2,5 años. Se registró FA en la historia clínica post-aleatorización en el 6,8% de los participantes del grupo de intervención frente al 5,4% del grupo control (razón de proporciones 1,26; IC 95% 1,02–1,57; p=0,03).
La carga de FA detectada por el monitoreo continuo mostró una distribución bimodal: el 33% de los casos presentó una carga del 100% (todo el periodo de monitoreo en FA), mientras que el 55% tuvo una carga <10%.
La exposición media a anticoagulación oral fue de 1,63 meses en el grupo de intervención y de 1,14 meses en el grupo control (diferencia 0,50 meses; IC 95% 0,24–0,75; p<0,0001). La incidencia de accidente cerebrovascular fue del 2,7% en el grupo de intervención y del 2,5% en el grupo control (razón de tasas 1,08; IC 95% 0,76–1,53).
¿Qué nos deja este estudio?
El cribado remoto de FA mediante un dispositivo de registro electrocardiográfico continuo en pacientes mayores con riesgo moderado a alto de accidente cerebrovascular produce un aumento modesto en el diagnóstico de FA y en la exposición a anticoagulación. Sin embargo, la FA detectada fuera del monitoreo ocurrió con mayor frecuencia de la esperada y más de la mitad de los casos detectados por el parche presentaron baja carga (<10%).
Los autores sugieren que el cribado de FA en este contexto podría tener un impacto limitado en la prevención de accidentes cerebrovasculares. Se esperan análisis a más largo plazo y estudios de costo-efectividad para proporcionar información adicional sobre el valor del cribado remoto en esta población.
Los resultados fueron publicados simultáneamente en JAMA.