La introducción de los stents liberadores de fármacos transformó el manejo de la cardiopatía isquémica al disminuir significativamente el riesgo de reestenosis. No obstante, los dispositivos de primera generación se asociaron con trombosis tardía, lo que motivó la recomendación de terapia antiplaquetaria doble prolongada, especialmente en pacientes con síndrome coronario agudo. Esta estrategia, aunque eficaz, incrementa el riesgo de sangrado incluso en individuos con bajo riesgo hemorrágico. Los stents de nueva generación, con mejor biocompatibilidad y dosis más bajas de fármaco, han reducido de manera notable la trombosis tardía, lo que ha generado un renovado interés en estrategias de desescalada antiplaquetaria temprana adaptadas al perfil de riesgo individual.
Si bien se han realizado estudios sobre terapia abreviada en pacientes con alto riesgo de sangrado o en poblaciones específicas, son escasos los ensayos que evalúan la suspensión temprana de aspirina en pacientes con infarto agudo de miocardio que han recibido una revascularización completa mediante stent contemporáneo.
Durante el Congreso ESC 2025 se presentaron los resultados del estudio TARGET-FIRST, un ensayo multicéntrico y aleatorizado diseñado para comparar la monoterapia con inhibidor P2Y12 iniciada desde el primer mes frente a la terapia antiplaquetaria doble estándar en pacientes de bajo riesgo tratados con intervención coronaria percutánea (ICP) y stent de nueva generación.
Se incluyeron adultos con infarto agudo de miocardio que habían recibido una revascularización completa exitosa dentro de los 7 días posteriores al evento. Tras completar un mes de doble antiagregación sin eventos isquémicos ni hemorragias mayores, los pacientes fueron aleatorizados a continuar con monoterapia de inhibidor de P2Y12 o mantener la doble antiagregación durante 11 meses adicionales.
El desenlace primario fue un compuesto de muerte por cualquier causa, infarto de miocardio, trombosis del stent, accidente cerebrovascular o sangrado mayor (definido según el Bleeding Academic Research Consortium [BARC] como sangrado tipo 3 o 5) a los 11 meses tras la aleatorización, evaluado para no inferioridad con un margen de 1,25 puntos porcentuales. El desenlace secundario principal fue el sangrado BARC tipo 2, 3 o 5 (clinicamente relevante), evaluado para superioridad.
De los 2246 pacientes reclutados, 1942 fueron aleatorizados: 961 al grupo de monoterapia con inhibidor de P2Y12 y 981 al grupo de doble antiagregación. La edad media fue de 61,0±10,6 años; el 78,4% eran hombres y el 21,6% mujeres. Un 14,5% de los pacientes tenía diabetes mellitus, el 38,7% hipertensión y el 27,8% hipercolesterolemia. La mitad de los pacientes (50,4%) fueron hospitalizados por infarto con elevación del ST y el 49,6% por infarto sin elevación del ST.
En cuanto a los resultados, un evento del desenlace primario ocurrió en 20 pacientes (2,1%) del grupo de monoterapia con inhibidor de P2Y12 y en 21 pacientes (2,2%) del grupo de doble antiagregación (diferencia: −0,09 puntos porcentuales; IC 95%: −1,39 a 1,20; p=0,02 para no inferioridad).
El sangrado BARC tipo 2, 3 o 5 se presentó en 2,6% de los pacientes del grupo monoterapia frente a 5,6% en el grupo de doble antiagregación (HR 0,46; IC 95%: 0,29–0,75; p=0,002 para superioridad).
La trombosis del stent fue poco frecuente, con incidencias similares entre ambos grupos, al igual que los eventos adversos graves.
¿Qué nos deja este estudio?
En pacientes de bajo riesgo con infarto agudo de miocardio sometidos a revascularización completa temprana y que completaron un mes de doble antiagregación sin complicaciones, la monoterapia con inhibidor de P2Y12 resultó no inferior a la doble antiagregación en cuanto a eventos cardiovasculares y cerebrovasculares adversos, y se asoció con menor incidencia de sangrado.
Los resultados fueron publicados simultáneamente en NEJM.