La reparación tricuspídea transcatéter borde a borde (T-TEER) se ha consolidado en los últimos años como una opción terapéutica recomendada por las guías para pacientes con insuficiencia tricuspídea (IT) severa y sintomática. Diversos estudios previos han demostrado que una reducción significativa de la regurgitación tricuspídea se asocia con mejoras clínicas relevantes, incluyendo mejoría de la clase funcional de la New York Heart Association (NYHA), incremento en los puntajes de calidad de vida medidos mediante el Kansas City Cardiomyopathy Questionnaire, aumento de la distancia recorrida en la prueba de caminata de 6 minutos y remodelado reverso del ventrículo derecho.
Sin embargo, hasta el momento existían datos limitados acerca del impacto pronóstico de los distintos grados de insuficiencia tricuspídea residual luego del procedimiento. Particularmente, análisis previos del registro EuroTR Registry, que incluyeron aproximadamente 1.300 pacientes, no habían logrado demostrar diferencias consistentes en sobrevida ni en sobrevida libre de hospitalización por insuficiencia cardíaca entre pacientes con insuficiencia tricuspídea residual leve versus moderada tras T-TEER.
A partir de una actualización y expansión de la base de datos del registro EuroTR a más de 2.500 pacientes, investigadores europeos buscaron reevaluar el impacto pronóstico del grado de insuficiencia tricuspídea residual sobre la supervivencia y la supervivencia libre de hospitalización por insuficiencia cardíaca luego de T-TEER.
El estudio incluyó pacientes sometidos a T-TEER por IT clínicamente relevante en 26 centros europeos entre 2016 y 2024. Se excluyeron aquellos pacientes con información faltante respecto al grado de IT al alta o que hubieran sido sometidos simultáneamente a reparación mitral transcatéter borde a borde. Los endpoints primarios fueron la supervivencia a 2 años y la supervivencia libre de hospitalización por insuficiencia cardíaca.
En total se incluyeron 2.545 pacientes, con una edad media de 78,5 ± 7,5 años, de los cuales el 54,3% eran mujeres. La insuficiencia tricuspídea basal era severa en el 44,4% de los casos, masiva en el 32,8% y torrencial en el 20,3%.
Si bien la función ventricular izquierda se encontraba preservada en la mayoría de los pacientes, con una fracción de eyección media del 53,1% ± 11,2%, la función ventricular derecha era limítrofe, con un TAPSE promedio de 17,3 ± 4,5 mm.
La cohorte presentó un perfil de comorbilidades típico de pacientes añosos con insuficiencia tricuspídea relevante, incluyendo una alta prevalencia de fibrilación auricular (90,3%), enfermedad coronaria (40,7%) y diabetes mellitus (23,3%). Además, los signos clínicos de insuficiencia cardíaca derecha fueron frecuentes: edema periférico en el 61,1%, ascitis en el 12,4% y derrame pleural en el 21,8% de los pacientes. La mayoría de la población se encontraba en clase funcional NYHA III o superior (82,6%).
Luego del procedimiento T-TEER, la insuficiencia tricuspídea se redujo a grado ≤1+ en el 47,2% de los pacientes y a ≤2+ en el 82,7%. Sin embargo, un 17,3% de los pacientes persistió con insuficiencia tricuspídea residual ≥3+.
Los resultados mostraron una reducción progresiva de la supervivencia a 2 años a medida que aumentaba la severidad de la insuficiencia tricuspídea residual. Las tasas de supervivencia fueron de 76,4% para TR residual ≤1+, 71,5% para TR residual 2+ y 58,9% para TR residual ≥3+ (p global <0,001). La comparación específica entre TR residual leve y moderada también alcanzó significación estadística (p=0,013).
De manera similar, la supervivencia libre de hospitalización por insuficiencia cardíaca a 2 años fue significativamente mayor en pacientes con menor insuficiencia residual: 65,9% en TR ≤1+, 60,5% en TR 2+ y 49,7% en TR ≥3+ (p global <0,001). Nuevamente, se observaron diferencias significativas entre insuficiencia residual leve y moderada (p=0,005).
Este análisis representa la primera evidencia en demostrar diferencias estadísticamente significativas en supervivencia y hospitalización por insuficiencia cardíaca entre insuficiencia tricuspídea residual leve versus moderada en una gran cohorte contemporánea de pacientes tratados con T-TEER.
Los autores destacan que estudios previos probablemente no contaban con suficiente poder estadístico para detectar estas diferencias debido al menor tamaño muestral. La incorporación de aproximadamente 1.200 pacientes adicionales en el presente análisis permitió identificar un impacto pronóstico que anteriormente había permanecido oculto.
Estos hallazgos adquieren especial relevancia clínica en el contexto del creciente uso del reemplazo valvular tricuspídeo transcatéter (TTVR), una estrategia que suele lograr una eliminación casi completa de la insuficiencia tricuspídea. Los resultados plantean la posibilidad de que pacientes con alto riesgo de presentar insuficiencia residual —incluso moderada— luego de T-TEER puedan beneficiarse más de una estrategia inicial de reemplazo valvular transcatéter.
No obstante, esta potencial ventaja debe ser cuidadosamente balanceada con las mayores tasas de eventos adversos asociadas actualmente al TTVR. En este sentido, futuros estudios serán fundamentales para optimizar la selección de pacientes y definir qué perfiles clínicos y anatómicos podrían beneficiarse más de cada estrategia terapéutica.
Los resultados fueron publicados simultáneamente en JACC.
