El implante valvular aórtico percutáneo (TAVI) se ha consolidado como el tratamiento estándar para pacientes con estenosis aórtica severa en un amplio espectro de perfiles de riesgo quirúrgico. A pesar de los avances técnicos y procedimentales, los pacientes sometidos a TAVI continúan presentando un elevado riesgo de eventos cardiovasculares adversos, en gran parte debido a la alta prevalencia de comorbilidades asociadas, entre ellas diabetes, insuficiencia cardíaca (IC) y enfermedad renal crónica avanzada. En este escenario clínico complejo, la optimización del tratamiento médico posterior al procedimiento constituye un componente fundamental para mejorar el pronóstico a largo plazo.
Los inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2 (iSGLT2) han emergido como una clase terapéutica transformadora, con efectos cardioprotectores y nefroprotectores demostrados independientes del control glucémico. Grandes ensayos clínicos han demostrado que estos fármacos reducen el riesgo de hospitalización por insuficiencia cardíaca, mejoran la mortalidad cardiovascular y enlentecen la progresión de la enfermedad renal en diversas poblaciones. Sin embargo, existen pocos ensayos clínicos aleatorizados que evalúen específicamente su impacto en pacientes sometidos a TAVI. Aunque el estudio DapaTAVI ha aportado información preliminar, persiste una brecha de conocimiento respecto a la efectividad de estos agentes en la población particular y de alto riesgo constituida por pacientes con insuficiencia cardíaca tratados mediante implante valvular percutáneo. En este contexto, los estudios observacionales basados en evidencia del mundo real permiten aproximarse a esta pregunta clínica.
Partiendo de esta hipótesis, el presente estudio observacional de cohorte evaluó si el uso de inhibidores SGLT2 después del TAVI se asocia con mejores resultados cardiovasculares en comparación con el tratamiento estándar en pacientes con insuficiencia cardíaca.
Se realizó un análisis retrospectivo utilizando datos agregados y anonimizados provenientes de la red de investigación TriNETX. Se incluyeron pacientes adultos (≥18 años) con diagnóstico de insuficiencia cardíaca sometidos a TAVI que recibieron inhibidores SGLT2 o tratamiento estándar. Para minimizar sesgos de selección, se aplicó un emparejamiento por puntaje de propensión y los resultados clínicos se evaluaron a los 6 meses y al año de seguimiento. El objetivo primario fue un desenlace compuesto de infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular, mortalidad por cualquier causa y episodios agudos de insuficiencia cardíaca.
Se identificaron 21.828 pacientes con insuficiencia cardíaca sometidos a TAVI, de los cuales 2.464 recibían tratamiento con inhibidores SGLT2. Tras el emparejamiento por puntaje de propensión, el análisis incluyó 2.039 pacientes en cada grupo.
A los 6 meses de seguimiento, el desenlace compuesto primario no mostró diferencias estadísticamente significativas entre los pacientes tratados con iSGLT2 y aquellos bajo tratamiento estándar (HR: 0,79; IC 95%: 0,61–1,02; P = 0,067). Al analizar los componentes individuales del endpoint, no se observaron diferencias significativas en la mortalidad por cualquier causa (HR: 0,81; IC 95%: 0,63–1,04; P = 0,095), en los eventos cerebrovasculares (HR: 0,84; IC 95%: 0,56–1,26; P = 0,392) ni en los episodios agudos de insuficiencia cardíaca (HR: 1,02; IC 95%: 0,66–1,58; P = 0,931). En contraste, el riesgo de infarto agudo de miocardio fue significativamente menor en el grupo tratado con inhibidores SGLT2 (HR: 0,69; IC 95%: 0,49–0,99; P = 0,043).
Los endpoints adicionales demostraron riesgos significativamente menores de hospitalización por cualquier causa o consultas en servicios de emergencia (HR: 0,69; IC 95%: 0,63–0,76; P < 0,001), terapia de reemplazo renal (HR: 0,45; IC 95%: 0,21–0,94; P = 0,030), lesión renal aguda (HR: 0,83; IC 95%: 0,71–0,98; P = 0,024) e infecciones del tracto urinario (HR: 0,74; IC 95%: 0,58–0,93; P = 0,010) entre los usuarios de inhibidores SGLT2.
No se observaron diferencias estadísticamente significativas en fibrilación auricular/flutter (HR: 0,95; IC 95%: 0,71–1,27; P = 0,724), hipotensión ortostática (HR: 1,13; IC 95%: 0,75–1,72; P = 0,553) ni en cetoacidosis diabética euglucémica (HR: 4,07; IC 95%: 0,86–19,15; P = 0,054), sin alcanzar significación estadística.
Al año de seguimiento, no se observaron diferencias significativas entre ambos grupos en relación con el desenlace compuesto primario (HR: 0,79; IC 95%: 0,61–1,02; P = 0,067) ni con la mayoría de los eventos individuales evaluados. No obstante, persistió una reducción significativa en las hospitalizaciones por cualquier causa en el grupo tratado con iSGLT2 (HR: 0,73; P < 0,001). Asimismo, se observó una menor incidencia de infecciones urinarias en los pacientes que recibieron estos fármacos (HR: 0,77; P = 0,009).
¿Qué nos deja este estudio?
En conjunto, estos hallazgos indican que, en pacientes con insuficiencia cardíaca sometidos a TAVI, el uso de inhibidores SGLT2 no se asoció con una reducción significativa del desenlace compuesto principal a los 6 meses ni al año de seguimiento. Sin embargo, la reducción consistente de hospitalizaciones y la disminución del riesgo de infarto agudo de miocardio en el seguimiento temprano sugieren un posible beneficio clínico relevante en esta población de alto riesgo.
Estos resultados aportan evidencia del mundo real sobre el potencial rol de los inhibidores SGLT2 en el manejo posterior al TAVI y refuerzan la necesidad de ensayos clínicos aleatorizados específicamente diseñados para definir su impacto pronóstico y establecer su lugar dentro de la estrategia terapéutica integral en pacientes con insuficiencia cardíaca sometidos a intervenciones estructurales.
