El síndrome post-cuidados intensivos (PICS) se caracteriza por disfunción cognitiva, ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático (TEPT), debilidad adquirida en la unidad de cuidados intensivos (UCI) y una reducción de la calidad de vida. Se estima que afecta hasta al 80% de los sobrevivientes de UCI. Estas secuelas no solo son frecuentes, sino también persistentes: más de la mitad de los pacientes reportan síntomas al año del alta, y muchos no logran retomar sus actividades funcionales o laborales previas. A pesar de esta carga clínica y social, las estrategias estructuradas de recuperación continúan siendo limitadas y subutilizadas.
Las clínicas de recuperación post-UCI, en expansión en sistemas de salud de Estados Unidos, tienen como objetivo abordar el PICS mediante un enfoque interdisciplinario. Estas incluyen la evaluación de la función física, el estado cognitivo y la salud mental, junto con la coordinación del cuidado, la conciliación de la medicación y la derivación a rehabilitación o especialidades. Este modelo se ha asociado con una reducción de las readmisiones, mayor tiempo hasta la rehospitalización y menor mortalidad. Además, proporciona retroalimentación valiosa para los equipos de UCI, mejorando la comprensión de los resultados a largo plazo y la experiencia del paciente.
Sin embargo, persiste una brecha importante en relación con la recuperación específica post-unidad de cuidados intensivos cardiovasculares (post-CICU). Los sobrevivientes de shock cardiogénico, insuficiencia cardíaca avanzada o paro cardíaco presentan necesidades particulares que pueden no ser adecuadamente cubiertas por los modelos generales de post-UCI, tradicionalmente centrados en sepsis y patología respiratoria. Estos pacientes suelen atravesar internaciones complejas, con patologías cardiovasculares críticas y requerimientos de intervenciones avanzadas como soporte circulatorio mecánico temporal (tMCS) o desfibrilaciones repetidas. Actualmente, no existe un modelo estandarizado de recuperación post-CICU, y aspectos clave como la estructura, el equipo, los servicios ofrecidos y la sostenibilidad de estas clínicas permanecen poco caracterizados.
En este contexto, el presente estudio, presentado en el Congreso ACC 2026 y publicado en JACC, tuvo como objetivo describir las clínicas de recuperación post-CICU en funcionamiento en Estados Unidos y Canadá. Se realizó un muestreo intencional de líderes de CICU con interés en innovación clínica, con el fin de caracterizar la estructura de estos programas de adopción temprana, los criterios de derivación, los servicios multidisciplinarios ofrecidos y las barreras para su implementación. Para ello, se llevó a cabo una encuesta transversal a profesionales de CICU de adultos mediante un cuestionario desarrollado por un panel multidisciplinario, utilizando la plataforma REDCap entre junio y agosto de 2025.
El análisis incluyó respuestas de 30 profesionales pertenecientes a 30 instituciones. Solo 5 centros (16,7%) reportaron contar con una clínica formal de recuperación post-CICU. Independientemente de su disponibilidad, la mayoría de los encuestados estimó que al menos el 25% de los pacientes egresados de la CICU se beneficiarían de un seguimiento multidisciplinario.
En los centros sin clínicas específicas, las principales barreras identificadas fueron la falta de recursos (76%), las dificultades logísticas para la derivación y programación (72%), la existencia de modelos alternativos no orientados al PICS (60%) y la escasa percepción de beneficio por parte del liderazgo institucional (48%).
Por el contrario, las instituciones con programas establecidos empleaban equipos multidisciplinarios y priorizaban la conciliación de la medicación, la evaluación integral de necesidades, el cribado sistemático de PICS y la implementación de transiciones de cuidado estructuradas. Los criterios de derivación se enfocaban principalmente en pacientes de alto riesgo.
¿Qué nos deja este estudio?
Las clínicas de recuperación post-CICU continúan siendo poco frecuentes, aunque los programas existentes muestran un modelo de atención consistente, centrado en la evaluación multidisciplinaria y la derivación dirigida. Estos hallazgos permiten delinear los componentes clave de estos programas y resaltan las barreras críticas que deben superarse para su expansión, así como la necesidad de futuros estudios que evalúen su impacto en resultados clínicos.
