La enfermedad cardiovascular (ECV) representa la causa principal de morbimortalidad a nivel global, con casi el 80% de su carga atribuible a factores cardiometabólicos modificables como la hipertensión arterial, la dislipidemia y la hiperglucemia en ayunas. La diabetes mellitus multiplica de 2 a 3 veces el riesgo de enfermedad coronaria y constituye un determinante central del pronóstico vascular en adultos jóvenes. Dado que la diabetes coexiste habitualmente con dislipidemia aterogénica y cifras tensionales elevadas, ha sido motivo de controversia determinar si el exceso de morbimortalidad cardiovascular se debe principalmente a estas comorbilidades asociadas o al estado hiperglucémico per se. Además, desde una perspectiva del ciclo vital (life-course perspective), los individuos que desarrollan diabetes en etapas tempranas acumulan una mayor carga biológica por la prolongada duración de la enfermedad y los niveles sostenidos de glucemia a lo largo de décadas.
En este contexto, el estudio CARDIA (Coronary Artery Risk Development in Young Adults) evaluó si el diagnóstico de diabetes antes de los 40 años confiere un riesgo independiente de ECV incidente —más allá de la exposición acumulada a la presión arterial o al colesterol LDL— y cuantificó el impacto directo de la carga glucémica acumulada desde la juventud hasta la mediana edad.
Se analizaron datos longitudinales de la cohorte prospectiva CARDIA, compuesta originalmente por 4.931 adultos jóvenes evaluados de forma repetida entre los 18 y los 40 años. A los 40 años de edad, se conformó una muestra emparejada de forma secuencial por puntuación de propensión (propensity score matching), donde cada individuo con diagnóstico de diabetes mellitus fue emparejado con un participante con prediabetes y hasta con 2 participantes sin diabetes, equilibrando meticulosamente los factores de riesgo cardiovascular tradicionales. La exposición acumulada a la glucosa, la presión arterial sistólica y las lipoproteínas se definió como el área bajo la curva de sus respectivas trayectorias longitudinales entre los 18 y los 40 años. Para evaluar la asociación de la diabetes y de la carga acumulada de glucosa con la incidencia de ECV global y sus componentes individuales (enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca congestiva), se ajustaron modelos multivariables de regresión de riesgos proporcionales de Cox durante un seguimiento a largo plazo posterior a los 40 años.
En la muestra emparejada por puntuación de propensión compuesta por 766 participantes, se registraron 103 eventos de ECV incidente a lo largo de una mediana de seguimiento de 22 años tras alcanzar los 40 años de edad.
El diagnóstico establecido de diabetes antes de los 40 años se asoció de forma independiente con un riesgo más del doble de desarrollar eventos cardiovasculares incidentes frente a los participantes sin diabetes, tras ajustar exhaustivamente por todos los demás factores de riesgo convencionales (hazard ratio [HR]: 2,13; IC 95%: 1,33 a 3,41; P = 0,002).
Asimismo, el riesgo de ECV aumentó de manera continua y progresiva a medida que se incrementó la exposición acumulada a la glucosa durante la adultez joven.
Al comparar la magnitud del impacto relativo, el exceso en la tasa de eventos cardiovasculares atribuible directamente al diagnóstico de diabetes fue significativamente mayor que las diferencias en las tasas asociadas a los demás factores de riesgo tradicionales que comúnmente acompañan a la hiperglucemia (tales como la dislipidemia o la hipertensión arterial).
¿Qué nos deja este estudio?
El diagnóstico de diabetes mellitus antes de los 40 años confiere un incremento sustancial en el riesgo de enfermedad cardiovascular incidente a largo plazo que es independiente de la coexistencia de otros factores de riesgo cardiometabólicos clásicos.
La carga de eventos cardiovasculares responde a un patrón dosis-dependiente en función de la exposición acumulada a la glucosa desde etapas tempranas de la vida adulta.
