La cirugía cardíaca es un pilar fundamental en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, con aproximadamente 1 millón de procedimientos anuales solo en Norteamérica y Europa. A pesar de sus beneficios comprobados en supervivencia y síntomas, no está exenta de riesgos. La Fibrilación Auricular Posoperatoria (POAF) de novo se ha consolidado como la complicación más frecuente, con una incidencia estimada que varía ampliamente entre el 25% y el 50%.
A pesar de su frecuencia, existe una gran incertidumbre sobre su significado clínico a largo plazo y una notable variabilidad en su manejo terapéutico, potencialmente debido a la falta de evidencia sólida sobre su impacto real. Para arrojar luz sobre esta problemática, el estudio VISION Cardiac Surgery analizó una cohorte prospectiva e internacional, superando las limitaciones de registros previos retrospectivos o monocéntricos que a menudo se limitaban únicamente a pacientes de bypass coronario (CABG).
VISION Cardiac Surgery fue un estudio de cohorte prospectivo que incluyó adultos sometidos a cirugía cardíaca en 12 países. La asociación de la POAF con los resultados ocurridos entre los 30 días y 1 año tras la intervención se estimó mediante un modelo de Cox multivariable, ajustado minuciosamente por características operativas, del paciente y terapias antitrombóticas administradas.
Entre los 12,234 pacientes evaluados, donde el 55.3% correspondió a bypass coronario aislado, el 31.8% desarrolló POAF dentro de los primeros 30 días posteriores a la cirugía. El manejo farmacológico al momento del alta hospitalaria mostró una marcada heterogeneidad: el 48.8% de los pacientes recibía amiodarona, mientras que solo el 15.6% fue egresado únicamente con anticoagulación. Por otro lado, el 54.3% recibió solo antiagregantes plaquetarios, el 23.9% recibió una combinación de ambos y un 6.3% no recibió ninguna de estas terapias.
Al completar el seguimiento de un año, la FA clínica se detectó en el 6.9% de los pacientes que habían presentado POAF, en comparación con apenas un 0.6% en aquellos que no la sufrieron, lo que representa un riesgo ajustado significativamente mayor (aHR 11.30; IC 95% 8.17–15.70). En cuanto a la mortalidad, los pacientes con POAF presentaron un riesgo superior de muerte por cualquier causa con un 3.0% frente al 1.7% del grupo sin la complicación (aHR 1.54; IC 95% 1.18–2.00). El resultado compuesto primario de accidente cerebrovascular o muerte vascular ocurrió en el 2.3% de los pacientes con POAF versus el 1.5% en aquellos sin ella (aHR 1.32; IC 95% 0.99–1.77).
¿Qué nos deja este estudio?
La POAF de nuevo inicio ocurre en un tercio de los pacientes después de una cirugía cardíaca y su manejo antitrombótico y antiarrítmico actual varía de forma considerable entre centros y países. Los datos del estudio VISION confirman que estos pacientes enfrentan riesgos incrementados tanto de desarrollar fibrilación auricular clínica persistente como de mortalidad por todas las causas en el año siguiente a la cirugía.
Estos hallazgos sugieren que la POAF no debe ser minimizada como un evento transitorio, sino que requiere una vigilancia estrecha y una evaluación más profunda de las estrategias terapéuticas para mitigar sus riesgos a largo plazo.
