La insuficiencia tricuspídea (IT) ha sido históricamente subestimada y relegada a un segundo plano clínico bajo la concepción errónea de constituir un mero hallazgo secundario o un marcador pasivo de cardiopatías izquierdas o hipertensión pulmonar avanzada. No obstante, investigaciones epidemiológicas contemporáneas han comenzado a revelar que la IT es la valvulopatía más frecuente en la población adulta y que incluso los grados no severos conllevan una carga pronóstica desfavorable a corto plazo. A pesar de estos indicios, la evolución natural a largo plazo de la IT moderada, las disparidades según el sexo y el impacto real de las intervenciones valvulares sobre la sobrevida en cohortes masivas del mundo real permanecían escasamente caracterizados. Con el objetivo de cerrar esta brecha de conocimiento y sentar bases sólidas para la estratificación clínica, se presentó en el Congreso TCT 2026 un estudio observacional derivado de la base de datos nacional ecocardiográfica de Australia (NEDA), evaluando la prevalencia, los subtipos etiológicos y el impacto pronóstico independiente de la severidad de la regurgitación tricuspídea sobre la morbimortalidad y los costos asistenciales.
Se analizó una cohorte retrospectiva a partir del registro multicéntrico National Echo Database Australia (NEDA), que integró más de 1,2 millones de adultos evaluados mediante ecocardiografía transtorácica en 45 centros de Australia entre 2010 y 2022. Mediante algoritmos de procesamiento de lenguaje natural aplicados sobre los informes ecocardiográficos, se identificaron 180.977 pacientes con insuficiencia tricuspídea documentada, clasificados formalmente en grados leve, moderado y severo (incluyendo una subcategoría de reflujo torrencial).
Se caracterizaron los fenotipos fisiopatológicos subyacentes: enfermedad cardíaca izquierda (LHD), hipertensión pulmonar (HP), asociada a dispositivos de estimulación o desfibrilación cardíaca (CIED), disfunción ventricular derecha (VD), remodelado auricular derecho (AD) y causa primaria. Los desenlaces analizados a lo largo de un seguimiento acumulado de aproximadamente 1,1 millones de personas-año comprendieron la mortalidad por todas las causas, las hospitalizaciones, los días de estancia hospitalaria, la pérdida de años de vida ajustada por edad y el impacto pronóstico de las intervenciones valvulares tricuspídeas aisladas mediante modelos de riesgos proporcionales multivariables con hazard ratios ajustados (aHR) e intervalos de confianza del 95% (IC 95%).
De los 180.977 pacientes identificados con IT, el 73,7% presentaba compromiso leve, el 20,7% moderado y el 5,6% severo (incluyendo 285 casos con reflujo torrencial). La representación de las mujeres se incrementó paralelamente con la severidad del defecto valvular, constituyendo el 51,8% del grupo leve y el 56,1% del severo, con una media de edad ligeramente superior a la de los varones (70,5 frente a 69,9 años).
La etiología secundaria a enfermedad cardíaca izquierda fue el subtipo más común en ambos sexos a través de todos los estratos de severidad, abarcando desde más del 50% en la forma leve hasta alcanzar el 81,1% en varones y 78,4% en mujeres con IT severa.
Con el agravamiento de la regurgitación, se constató un deterioro progresivo de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo, una caída en el índice de volumen sistólico y un incremento marcado en el remodelado cavitario, disfunción ventricular derecha, signos de aumento en las presiones de llenado izquierdas y fibrilación auricular.
Pese a una mayor carga sintomática en grados avanzados, el uso de terapia médica farmacológica neurohormonal y diurética fue consistentemente inferior en las mujeres respecto a los varones.
La tasa global de intervención sobre la válvula tricúspide fue extraordinariamente marginal en el mundo real: incluso en el estadio severo, apenas el 3,3% de los hombres y el 3,6% de las mujeres accedieron a cirugía tricuspídea (principalmente reparación, siendo el 42,3% procedimientos aislados).
A lo largo del seguimiento se registraron más de 3,4 millones de internaciones y 11,7 millones de días de estancia hospitalaria, métricas que escalaron de manera pronunciada conforme aumentó la severidad del reflujo.
La mortalidad global de la cohorte alcanzó el 47,8%, elevándose desde un 45,3% en hombres y 39,0% en mujeres con IT leve hasta un 76,3% y 71,9% en aquellos con IT severa, respectivamente.
Tras el ajuste multivariable, el riesgo de mortalidad por todas las causas exhibió un incremento escalonado e independiente respecto al grado leve: aHR de 1,26 (IC 95%: 1,24 a 1,28) para la IT moderada, aHR de 1,60 (IC 95%: 1,56 a 1,64) para la severa y aHR de 2,13 (IC 95%: 1,85 a 2,45) para la torrencial.
Entre los subtipos etiológicos, la HP (aHR: 1,61), la LHD (aHR: 1,21), la falla de VD (aHR: 1,16) y la inducida por CIED (aHR: 1,05) resultaron predictores independientes de muerte. En marcado contraste con el pronóstico sombrío del manejo conservador, someterse a una intervención tricuspídea aislada se asoció de forma independiente con una reducción relativa del 74% en el riesgo de mortalidad (aHR: 0,26; IC 95%: 0,19 a 0,35).
¿Qué nos deja este estudio?
El análisis a gran escala del registro NEDA demuestra que la mortalidad y el consumo de recursos sanitarios aumentan de forma proporcional y gradual con la severidad de la regurgitación tricuspídea, estableciendo que la IT moderada no es una condición inocua sino un predictor independiente de muerte prematura. A pesar de que la intervención valvular tricuspídea se asocia con una marcada mejoría en la sobrevida libre de eventos, persiste una profunda brecha asistencial en la práctica contemporánea, donde menos del 4% de los pacientes con insuficiencia severa accede a un tratamiento correctivo.
