El fallo de los injertos tras una cirugía de revascularización miocárdica (CABG) constituye un desafío clínico relevante asociado a morbimortalidad tardía y a la necesidad recurrente de nuevas revascularizaciones. Aunque las guías de práctica clínica sugieren priorizar la intervención coronaria percutánea (ICP) sobre el vaso nativo antes que sobre un injerto de vena safena (SVG) severamente enfermo, la anatomía nativa suele presentar oclusiones totales crónicas o lesiones complejas que incrementan significativamente el riesgo y la dificultad técnica. De hecho, ensayos contemporáneos como el estudio PROCTOR han sugerido ventajas clínicas en el corto plazo para la ICP sobre el injerto venoso en comparación con el vaso nativo. No obstante, el abordaje del injerto mediante stents liberadores de fármacos (DES) acarrea riesgos inherentes, tales como embolización distal, fenómeno de lento o no-reflujo, disección o perforación del conducto. Por ello, la angioplastia con balón liberador de fármacos (DCB) sin implante de stent surge como una alternativa prometedora, en particular considerando conductos arteriales con diámetros de referencia pequeños (≤3,0 mm). Dado que los grandes ensayos pivotales de DCB excluyeron a esta población, la evidencia comparativa en la práctica real continuaba siendo limitada.
Se llevó a cabo un estudio observacional y multicéntrico a partir de los datos del registro nacional japonés J-PCI OUTCOME (Japanese Percutaneous Coronary Intervention Outcome Registry). La cohorte incluyó a pacientes consecutivos con antecedentes de CABG sometidos a ICP por lesiones en injertos de bypass (tanto venosos como arteriales) entre 2017 y 2020, comparando una estrategia exclusiva con balón liberador de fármacos frente al implante de DES contemporáneos.
El objetivo primario fue la incidencia de eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE) al año de seguimiento, definido como un compuesto de muerte por cualquier causa, síndrome coronario agudo y accidente cerebrovascular. Los objetivos secundarios evaluaron de forma individual cada componente del criterio principal, además de sangrado mayor y revascularización repetida planificada.
Se incluyó un total de 610 procedimientos de ICP realizados en lesiones de injertos coronarios. De estos, 184 intervenciones (30,2%) correspondieron a procedimientos sin stent utilizando únicamente DCB, lo que refleja una adopción sustancial de esta técnica en Japón, mientras que el resto recibió tratamiento con DES.
Al completar el seguimiento de 1 año, la tasa del objetivo primario MACE no demostró diferencias estadísticamente significativas entre la cohorte tratada con DES y la tratada con DCB (10,3% vs. 8,6%; P = 0,69).
Del mismo modo, el análisis de los criterios de valoración secundarios —muerte por cualquier causa, síndrome coronario agudo, accidente cerebrovascular, hemorragia mayor y nueva revascularización programada— no reveló discrepancias estadísticas entre ambas modalidades terapéuticas.
Tras la calibración en el modelo multivariable, la estrategia libre de stent mediante DCB mantuvo un perfil de seguridad y eficacia clínico neutro frente al implante de DES, sin asociarse a un riesgo modificado de MACE (HR ajustado: 1,01; IC del 95%: 0,58 a 1,76; P = 0,96).
¿Qué nos deja este estudio?
En pacientes sometidos a ICP por enfermedad de injertos de revascularización miocárdica, la estrategia de angioplastia con balón liberador de fármacos sin implante de stent representó casi un tercio de las intervenciones analizadas y demostró resultados clínicos a 1 año equivalentes a los obtenidos con stents liberadores de fármacos de última generación, sin un exceso de eventos isquémicos, hemorrágicos o necesidad de revascularización.
