El síndrome de ovario poliquístico (SOP) afecta a más de 170 millones de mujeres solo durante sus años de reproducción. Después de la exclusión de otros trastornos, la condición se diagnostica en adultos (edad >20 años), al menos, con dos de los siguientes criterios de la directriz internacional: (1) oligo-anovulación, (2) hiperandrogenismo clínico o bioquímico, y (3) ovarios poliquísticos en la ecografía o la hormona anti-Müllerian elevada (AM). Adolescentes (edad-10 años) requieren la presencia de los primeros dos criterios.
El SOP se ha percibido principalmente como un trastorno ginecológico o ovárico; sin embargo, la creciente investigación, la síntesis de evidencia, y las Directrices Internacionales han demostrado que en el SOP confluyen una serie de trastornos endocrinos: en la insulina, andrógenos y hormonas neuroendocrinas y ováricas. Las características pueden ser metabólicas (obesidad, disglucemia, diabetes tipo 2, hipertensión, dislipidemia, enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica, enfermedad cardiovascular, y enfermedad), trastornos de la reproducción (alteraciones ovulatorias, ciclos menstruales irregulares, infertilidad, complicaciones del embarazo y cáncer de endometrio), psicológico (depresión, ansiedad, mala calidad de vida y trastornos de la alimentación) y dermatológico (acné, alopecia e hirsutismo). El IMC es generalmente más alto en personas con SOP que en aquellos sin la condición, y contribuye a su severidad. En general, SOP tiene impactos multisistémicos en la salud y representa una creciente problema para la mujer joven.
Sin embargo, las amplias características clínicas de la afección no se incluyen en su nombre actual de SOP, ya que, aunque el desarrollo folicular detenido es común, los quistes ováricos patológicos no se incrementan. Estos factores retrasan el diagnóstico, hasta el 70% de las mujeres afectadas permanecen sin diagnosticar, y también contribuyen a brechas de conocimiento y la insatisfacción de los pacientes.
En 2012, el Taller de Metodología Basada en la Evidencia de los Institutos Nacionales de Prevención de Enfermedades destacó los desafíos y la inexactitud del nombre actual, y recomendó un cambio para reflejar mejor la condición. A pesar de la fuerte justificación y el reconocimiento de larga data de que el SOP es un término inexacto y engañoso, los esfuerzos para cambiar el nombre se estancaron repetidas veces. Grupos de pacientes, junto con líderes en el campo de la medicina reproductiva, como el Dr. Ricardo Azziz, el Prof. Andrea Dunaif, el Prof. Bart CJM Fauser, el Prof Robert J Norman y la Prof Helena J Teede, han abogado persistentemente por el cambio. Sin embargo, los esfuerzos previos de cambio de nombre no lograron ganar popularidad, con barreras que incluyen la falta de liderazgo global inclusivo y la necesidad de un proceso de consenso internacional coordinado, la alineación entre los grupos de defensa de los pacientes, el acuerdo sobre un nombre alternativo y una estrategia de implementación integral. También se reconoció la necesidad de una mayor conciencia, promoción, educación e implementación, junto con la colaboración y el recurso internacional.
Como resultado de estos esfuerzos, la base de evidencia convincente y la fuerte defensa y liderazgo de los pacientes por parte de Verity, una organización benéfica y de defensa con sede en el Reino Unido, el Centro para la Excelencia en Investigación en Salud de la Mujer en la Vida Reproductiva y la Sociedad Androgen Excess y PCOS lanzaron una iniciativa global con un mandato claro para un cambio de nombre.
El nuevo enfoque también busca evitar que la atención se concentre únicamente en el ámbito ginecológico. Diversas pacientes llegan a consulta por síntomas persistentes como irregularidad menstrual, acné, aumento de peso o hirsutismo, sin que siempre se integren esos datos en una evaluación endocrina y metabólica más amplia. Esta fragmentación puede contribuir a diagnósticos tardíos o tratamientos parciales.
La resistencia a la insulina ocupa un lugar relevante en la comprensión actual del síndrome. En muchas pacientes, las alteraciones metabólicas interactúan con la producción de andrógenos y con la función ovárica, lo que puede influir en manifestaciones como acné, hirsutismo, alteraciones menstruales y anovulación. Por ello, el abordaje clínico requiere valorar no sólo los síntomas reproductivos, sino también los factores metabólicos y hormonales asociados.
El cambio no es solo terminológico y tiene un peso clínico mucho mayor, dejar atrás el nombre de SOP para avanzar hacia un nuevo término más explícito y propuesto como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) ya que estamos frente a un trastorno mucho más amplio, con implicaciones endocrinas, metabólicas, reproductivas y también emocionales.
Cambiar el nombre no resuelve por sí solo la deuda clínica que existe con tantas pacientes, pero sí ayuda a alinear el lenguaje con lo que hoy sabemos de su fisiopatología real, reducir el estigma asociado y mejorar la comprensión pública de la enfermedad.
Es justo reconocer que esta decisión surja de un consenso global amplio, no de una ocurrencia semántica y ello le da solidez científica, legitimidad clínica y, sobre todo, mayor posibilidad de traducirse en una conversación más útil para médicos y pacientes.
