La enfermedad arterial periférica (EAP) de los miembros inferiores afecta a más de 230 millones de personas en todo el mundo. Cuando compromete el territorio infrapoplíteo y se manifiesta clínicamente, suele presentarse como isquemia crónica amenazante de la extremidad (CLTI), una condición asociada con un elevado riesgo de amputación, discapacidad y mortalidad. En estos pacientes, la revascularización, ya sea quirúrgica o endovascular, constituye una recomendación de primera línea para aliviar el dolor en reposo, favorecer la cicatrización de las heridas, reducir el riesgo de amputación y mejorar la calidad de vida.
La angioplastia transluminal percutánea (ATP) continúa siendo la técnica endovascular más utilizada y recomendada por las guías internacionales. Sin embargo, su eficacia puede verse limitada por la elevada tasa de reestenosis y la necesidad de nuevas intervenciones. En los últimos años se han desarrollado tecnologías liberadoras de fármacos, como los balones recubiertos con fármaco (DCB) y los stents liberadores de fármacos (DES), con el objetivo de mejorar la permeabilidad del vaso tratado. No obstante, la evidencia comparativa entre las distintas modalidades de tratamiento continúa siendo limitada. El objetivo de este metaanálisis en red fue comparar la eficacia de la ATP, los stents metálicos convencionales (BMS), los DCB y los DES en pacientes con EAP infrapoplítea sintomática.
Se realizó una revisión sistemática de la literatura en bases de datos electrónicas para identificar ensayos clínicos aleatorizados que compararan distintas estrategias endovasculares en pacientes con enfermedad arterial periférica infrapoplítea sintomática.
Se incluyeron estudios que evaluaron angioplastia transluminal percutánea, stents metálicos convencionales, balones recubiertos con fármaco y stents liberadores de fármacos, incluidos los bioabsorbibles.
Se incluyeron 21 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 2.958 pacientes: 1.102 tratados con ATP, 284 con BMS, 903 con DCB y 695 con DES.
En comparación con la angioplastia convencional, tanto los DCB como los DES demostraron una mayor permeabilidad primaria del vaso tratado. Los DCB incrementaron la permeabilidad primaria en más del doble (OR 2,66; IC95% 1,52-4,64; p=0,001), mientras que los DES mostraron un beneficio similar (OR 2,41; IC95% 1,23-4,73; p=0,01).
Asimismo, ambas tecnologías redujeron significativamente la reestenosis binaria de la lesión objetivo. Los DCB disminuyeron este riesgo en un 60% (OR 0,40; IC95% 0,21-0,77; p=0,006), mientras que los DES lograron una reducción cercana al 72% (OR 0,28; IC95% 0,13-0,62; p=0,002).
Los balones recubiertos con fármaco también demostraron ventajas adicionales al reducir la pérdida luminal tardía, el porcentaje de estenosis residual dentro de la lesión y la necesidad de una nueva revascularización clínicamente indicada de la lesión tratada (OR 0,47; IC95% 0,29-0,76; p=0,002).
En contraste, el uso de stents metálicos convencionales se asoció con una menor probabilidad de lograr la cicatrización completa de las heridas (OR 0,41; IC95% 0,20-0,85; p=0,02).
No se observaron diferencias significativas entre las distintas estrategias en cuanto a la incidencia de amputaciones mayores ni de mortalidad durante el seguimiento.
¿Qué nos deja este estudio?
Este metaanálisis en red demuestra que las tecnologías liberadoras de fármacos ofrecen mejores resultados angiográficos que la angioplastia convencional en pacientes con enfermedad arterial periférica infrapoplítea sintomática.
Tanto los balones recubiertos con fármaco como los stents liberadores de fármacos aumentan la permeabilidad primaria y reducen la reestenosis, mientras que los DCB además disminuyen la necesidad de nuevas revascularizaciones.
Por el contrario, los stents metálicos convencionales se asociaron con una menor probabilidad de cicatrización de las heridas.
A pesar de estas ventajas, ninguna estrategia mostró beneficios significativos en términos de amputación o mortalidad, lo que pone de manifiesto la necesidad de estudios con mayor seguimiento para determinar el impacto clínico a largo plazo de estas tecnologías.
